lunes, 11 de julio de 2016

Un día de lluvia... (versión microrrelato)



© Texto: Ignacio Achútegui Conde (Nacho)
Portada: fotografía bajada de internet 
y cuadro de Luis Burgos
Titular de los derechos: el autor





Un día de lluvia…
Nunca llueve a gusto de todos






Cuando colgué el teléfono tuve la certeza de que jamás volvería a saber nada de ella.

Había transcurrido un tiempo desde que un espléndido sol alumbrara su sentimiento de culpa, estaba casada y con familia. En su presurosa huida abandonó una fragante estela sobre mi cama; ronroneos y melosos gemidos embriagaban mi mente sumida en el sueño más placentero y relajante. Sus manos firmes habían apretado mi cuerpo contra las curvas de sus caderas, cobijo de su esencia femenina, y labrado surcos de placer en mi espalda.

Habíamos recorrido viejas y solitarias callejuelas, entre luces y sombras, en una divertida carrera bajo la lluvia. Me había aceptado un café bien caliente: apenas un alivio para aquella carita pálida enmarcada por dorados rizos que, embebidos de toda el agua del cielo, pesaban cual pecado original.

Aún recuerdo con nostalgia el instante en que la conocí: aquel día de julio, de un verano notablemente seco, el cielo había roto aguas precisamente cuando don Ramón se dispuso a emprender su último viaje.

Mientras el sacerdote recitaba su responso, yo no podía dejar de mirar a la muchacha rubia que bajo un gran paraguas —negro, por supuesto— observaba con unos grandes ojos azules, que como canto de sirena me atraían en silencio, la surrealista escena en la que el ataúd esperaba ser sumergido en vez de enterrado.

¡A punto estaba de ser navegable aquel cementerio!

Aleccionado por mi querencia a las situaciones extrañas la invité a entrar en calor…


Ignacio Achútegui Conde
Logroño, 11 de julio de 2016

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